Antes de leerme la fortuna, Marina desplegó un trozo de terciopelo rojo sobre el escritorio, tomó las cartas en sus manos y empezó a barajarlas. Yo estaba nerviosa e incrédula, pero ella lo notó y me advirtió que, si no le enviaba mi energía y no creía, no continuaríamos. Mirian, sentada a mi lado, me dio un pequeño puntapié por debajo de la mesa y reaccioné, enviando mi energía.
Marina reveló secretos familiares que parecían imposibles de conocer y pronosticó un futuro lleno de dificultades y tristezas, pero con un desenlace esperanzador. Quedé asombrada por su habilidad para conectar. Sus palabras me llevaron a reflexionar sobre las revelaciones recibidas y cómo podrían afectar mi búsqueda de un futuro mejor
Me impresionó cómo los visitantes comentaban en susurros la precisión de las lecturas de Marina. En la pared, se exhibía un cuadro de San Marcos de León, y en un rincón, sobre una mesa dorada decorada con una planta de jade —Símbolo de riqueza y prosperidad económica según la tradición—, se extendía. La vivienda estaba perfumada con el aroma del incienso, y en el corazón del lugar, una mesa presentaba una canasta repleta de frutas para el deleite libre de los clientes.
